Perder a alguien
La vida a menudo nos pone ante situaciones difíciles, algunas tan imposibles de llevar que nos perdemos en el intento. Hay demasiadas cosas injustas, cosas que quisiéramos cambiar, mas por alguna extraña razón jamás lo logramos. Yo he vivido en carne propia el dolor de la traición, el dolor de levantarme cada día sin fuerza, el dolor de verme sumergida en mi propio llanto... Todo comenzó una bonita tarde en la que conocí a una persona que significaría mucho en mi vida. Recuerdo que no podía parar de reír, esta persona era tan simpática... Pronto empezaron a llegar cartas suyas a casa, yo respondía a cada una de ellas y esperaba con ilusión la llegada de la siguiente. No vivíamos demasiado lejos, mas nos era imposible vernos tan a menudo como queríamos. Compartimos momentos que aún hoy no he podido borrar de mi memoria, fueron tan importantes para mí que dudo que el tiempo se los lleve consigo. Me sentía muy afortunada de contar con ella, con mi mejor amiga, se había ganado ese nombre con su dulzura y alegría. Confié en ella plenamente, le brindé mi apoyo y mi amistad más incondicional, mas no recibí nada a cambio. Le entregué todo de mí, mis momentos, mi cariño, mi lealtad, mi apoyo... y no era consciente del inmenso egoísmo y falsedad que la envolvían. Quise cerrar los ojos al mundo y perdonar todo aquello que me hacía llorar. Realmente tenía motivos para empezar a odiar, mas el cariño de mi corazón podía mucho más. Durante mucho tiempo me dediqué a cultivar una amistad marchita, me dediqué a vivir en un pasado jamás olvidado. En mi presente la pena y el abandono eran los protagonistas, eran los que dirigían mi vida. La soledad me atrapó y me hizo sentir el hielo de su corazón, me hizo ver con dolor que mi vida se había parado en aquel cruel adiós. Quise engañarme, una vez más entregué otra oportunidad a quien jamás la mereció, fui capaz de dejar todo atrás y volver a comenzar. Reconstruí mi destrozado corazón y dejé al olvido todas aquellas lágrimas que mis ojos habían derramado... Hoy, me arrepiento con todo mi corazón, ojalá no hubiera vuelto a creer en una amistad que jamás existió. Descubrí con horror la grandeza de la falsedad, del egoísmo. Creo que me he humillado más de lo que nadie alcanzaría a imaginar, he suplicado amistad... y éste ha sido mi mayor error porque la amistad no se suplica, la amistad se recibe de quienes te valoran y te quieren. Ojalá supiéramos lo que la vida nos deparará en el futuro, ojalá pudiéramos elegir a quien entregar nuestros sentimientos. Mas, la vida no entiende de razones, no entiende de lamentos, la vida nos empuja y somos nosotros los que viviendo decidimos su rumbo. La amistad es el más valioso de los tesoros, y como todos los tesoros es muy difícil de encontrar. Para encontrarla no hay más mapa que nuestro corazón, hay que aprender a escucharlo y asegurarse que no sea él sólo el que late con fuerza, que otro corazón le devuelva cada uno de esos latidos. Perdí a alguien, mas ese alguien no fue esa persona que jamás me mereció, ese alguien fui yo. “No permitas que nadie te haga perder tu autoestima, hay muchas personas que esperan tu llegada a su vida, no entregues la tuya a quienes jamás te han valorado.”