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Hola, mi nombre es Daniel y te escribo para hacerte ver la gran
diferencia que existe entre tu vida y la mía. Sólo pretendo hacerte
ver lo afortunado que eres, creo que no tienes motivos de queja...
Mientras tú añades mantas a tu cama para evitar que el frío llegue
a alcanzar tu cuerpo, yo no tengo nada para protegerme del aire
que entra a través de la ventana rota. En mi frente cada cinco
segundos cae una helada gota de agua, las primeras sólo me hacen
sentir frío, pero cuando pasa un rato empiezo a sentir mucho dolor.
No tengo nada que comer, la gente a veces por pena me da algún
trozo de pan, pero tengo un hermanito más pequeño que yo y se
los doy a él y a mi mamá. No tengo padre, él nos abandonó cuando
yo era muy pequeño, mi madre me contó que dijo que esta vida no
estaba hecha para él... Mis pies siempre están descalzos, los
tuyos siempre llevan calcetines y unos bonitos zapatos, pero nunca
te parece suficiente. Cuando hace mucho calor me quemo la planta
del pie y con el frío se me hielan tanto que el dolor se hace
insoportable. Muchas veces me clavo cristales de botellas rotas
en medio de la calle, la gente bebe y luego las rompe allí sin
pensar en los que no somos tan afortunados para tener un calzado
que nos evite clavárnoslos. Pierdes muchos minutos de tu vida
quejándote por todo sin darte cuenta de la gran suerte que tienes.
Te molesta mucho tener que levantarte a las siete de la mañana
para ir al colegio, mientras que yo me levanto cada día a las
cuatro para ir a trabajar. Como soy muy pequeñito el único trabajo
que me han dado es el de cargar pesados sacos de arena; cuando
sea mayor quizás me dejen construir con ellos. Me pagan muy poco,
pero es un dinero muy necesario para comprar las medicinas de
mi hermanito que está muy enfermo. El dinero no nos alcanza para
nada más... Mientras, tú le pides dinero a tu abuelo o a tu madre
para comprarte el juguete que te gusta, y ese dinero a ti no te
cuesta nada. Antes mi madre trabajaba, limpiaba en casas de gente
rica y le regalaban comida, pero un coche la atropelló un día
cuando regresaba a casa y ahora no puede levantarse de su silla
de ruedas. Como yo era el hombre me tocó salir a trabajar, no
puedo ir a clase ni jugar con los niños como haces tú, ni siquiera
tengo tiempo de tener amigos. Ahora tenemos un problema, una señora
ha venido a casa y al ver todo ha dicho a mi madre que pronto
mi hermanito y yo nos tendremos que ir con ella. Estuvo hablando
conmigo y me dijo que nos llevaría a un lugar bonito donde habría
más niños y donde comeríamos hasta cuatro veces al día. La verdad
es que la idea me hace soñar despierto, pero no puedo dejar a
mi mamá aquí sola, yo quiero que la lleven a ella también... Me
gustaría que mi historia te ayudara a no querer tener más de lo
que necesitas, que aprendas a ser feliz con lo que ya tienes.
¿Sabes por qué yo lucho y sigo adelante? Porque tengo el amor
de mi madre y de mi hermanito, tú deberías valorar más el cariño
de tu familia y de tus amigos. Ese tiempo que pierdes jugando
a un videojuego dedícalo a estar con los que más quieres. Las
cosas materiales no te darán la felicidad. Eres muy afortunado,
no quieras más fortuna de la que Dios te ha proporcionado, aprende
a sonreírle a la vida. |